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La comunicación sí es una cuestión de sexos

OPINIÓN • 23/06/2015

Me atrevo a hacer esa afirmación en femenino. Siempre he sostenido que el talento no depende del sexo que nos haya tocado en el reparto de genes. Y se trata de una afirmación empírica, o sea adquirida y refrendada con mis propias vivencias. Pero cuando hablamos de cuestiones de comunicación y comportamientos, ¡eso es otro cantar! Hombres y mujeres estamos destinados o condenados a entendernos (depende del prisma de cada uno). Pero los estilos, tanto privados como sociales, de unos y otros están muy alejados. Son muy diferentes.

Hace unas semanas celebramos en casa el cumpleaños de mi hija quinceañera. Durante muchos días antes estuvo pensando a quién invitaría a su fiesta, haciendo y rehaciendo la lista. Es una chiquilla muy sociable y podría juntar en su merienda un auténtico desmadre de adolescentes alterados. Asique ella misma decidió hacer una tarea de priorización. Pero no era cuestión baladí.

Después de un laborioso trabajo de filtrado (amigas desde pequeñas, amigas “íntimas”, categoría de “mejores amigas”, amigas pero menos porque comparten la admiración por el mismo chico, y las “no-amigas) me planteó una lista razonable, que acepté.

Sólo habíamos superado el primer escollo, cuando hubo que abordar el lugar de la fiesta, el horario, la comida (reconozco que en este aspecto aún es poco exigente, si está con sus amigos de verdad y comparten unas chuches están felices), si iban a poner música o no, y entonces llegó lo peor. “Mamá, ¿qué me voy a poner?”. Ciertamente era un aspecto peliagudo, porque tarea ardua resulta seleccionar un modelito entre un armario digno de cualquier estrella de Hollywood. A partir de la gran pregunta se desencadenó un amplio abanico de posibilidades : vaqueros ceñidos que resaltan la figura; minifalda vaporosa para lucir piernas; shorts con medias para dar una imagen moderna y glamurosa; camiseta ajustada o con la tripa al aire ( aunque la temperatura de marzo no animaba a enseñar ni los dientes). ¿Por qué estilo podría optar? Cómodo, desenfadado, casual, monísimo, barroco… ¡qué terrible dilema! El wasap echaba humo con un constante intercambio de todas las posibilidades existentes con sus amigas, apoyadas en las fotos que mostraban los distintos looks.

El tema se complicaba a cada paso. Porque una vez decidido el look propio había que empezar a evaluar el del resto de las chicas y definir el conjunto global de todas ellas. Un Master en estilismo, ropa y complementos. Todo esto sin mencionar el capítulo “pelo”. ¿Liso? ¿Ondulado? ¿Recogido en una coleta tirante que es muy fashion? Obviaré para no alargarme demasiado estar perfectamente depilada, ligeramente maquillada y risueña el día de la fiesta.

Cuando llega el día del cumpleaños les dejo puesta la merienda y me retiro discretamente, pensando que el marido de una gran amiga que es sociólogo debería estar allí para hacer un estudio sobre todo lo que yo estaba viendo. Las diferencias entre unos y otros eran evidentes. Aunque suene a topicazo. Ellas parecían alegres y desenfadadas, reían mucho y apenas comían. Los chicos se empujaban, se tiraban encima del balancín, hablaban poco y daban buena cuenta de sándwiches y pasteles.

Mi hija me enseñó con lágrimas en los ojos la felicitación que le había escrito una de sus amigas, de la categoría “amigas íntimas”. Supuse que le habría mandado algún emoticiono inspirador o algún dibujo. Nooo, tremendo error. El texto de la felicitación era larguiiiiiisiiiiimoooooo. No se trataba sólo de felicitarla. Decía más o menos así : “Patri, eres mi mejor amiga. Te quiero mucho. Me has ayudado en los peores y mejores momentos de mi vida. Recuerdo esos veranos que compartimos desde pequeña, en la piscina de la urbanización. Tu sonrisa iluminó muchas tardes, hablando y riendo”. Tu amistad es un pilar muy importante en mi vida…. Bla, bla. El texto continuaba ensalzando sus valores, la fuerza de su amistad, lo mucho que se querían, el apoyo mutuo… un par de páginas. Al final, muy al final decía “Feliz cumpleaños Patri”. Uf me quedé sin aliento para poder leerlo.



En ese  momento sonó el teléfono de mi hija y eran dos de sus amigos (chicos) que no pudieron ir al cumple y la quería felicitar, haciendo gala de un verbo rico y variado. La transcripción de la conversación es ésta: “Oye Patri, soy Miguel, que muchas felicidades”. El mencionado Miguel se dirigió al otro amigo y le dijo: “Luis, ven a felicitar a Patri”. Se oye al susodicho Luis a continuación que se pone al teléfono y dice: “Felicidades tía. Un beso”. Crack. Se acabó la conversación. Duración aproximada: 15 segundos. Más que suficiente, el mensaje había sido trasladado y recibido con total claridad.

Por eso puedo afirmar que la comunicación sí es una cuestión de sexos.

Casi al mismo tiempo que cumplía años mi hija lo hacía el hijo de mi mejor amiga (así, sin paliativos) y curiosa por el tema le pregunté que habían hecho para la celebración. Su respuesta fue: “echar unas canastas y una hamburguesa en cualquier sitio con mis colegas”. Por supuesto no recibió ninguna felicitación almibarada ni rebosante de palabras cariñosas por wasap. La madre de Pablo le dijo: “dúchate y ponte ropa limpia antes de ir al cumple”. Su respuesta fue: “Vale”.

Felicidades hija, Felicidades Pablo.



May Ferreira, Executive Manager of R&H Talento y Personas



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